La Fuente de las Tentaciones – Guaroa T. Gautreau

4 Jun

“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”.

Marcos 7: 21-23
“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”. (Santiago 1:13-15)
En ocasiones he oído a creyentes hablar de las tentaciones, pero casi siempre, por no decir en todas las ocasiones, expresándose de manera que directa o indirectamente le está echando la culpa al enemigo de las almas.
No podemos quitar el calificativo que la Palabra de Dios le da a ese ser que odia al Señor y a sus hijos, pero si examinamos las Escrituras veremos que la mayor referencia que hace ésta, se refiere a la tentación que se produce dentro de nosotros mismos. Tenemos un texto muy conocido en 1 de Tesalonicenses 3:5 donde Pablo habla del Tentador, refiriéndose al diablo, pero es un solo versículo. En cambio, tenemos mucho más enseñanza sobre las tentaciones propias del creyente. Y hablamos del creyente porque el hombre natural no es tentado ya que el pecar es su estilo de vida y su accionar propio y continuo.
No en vano tenemos las palabras del Señor Jesucristo en los Evangelios de Mateo y Marcos donde nos dice, especialmente en Marcos capítulo 7, con gran detalle, de dónde vienen las contaminaciones del hombre y en Santiago 1 versículos del 13 al 15, se nos dice de dónde vienen las tentaciones.
Hay una conexión entre lo que dice el Evangelio de Marcos y lo que dice la carta de Santiago. El Señor está diciendo de dónde vienen los pecados y Santiago está diciendo cómo vienen. Si analizamos ambas enseñanzas, podemos expresar, parafraseando lo que dicen las escrituras, algo como esto: Cuando surge la tentación, que parte de la propia concupiscencia del hombre y ésta concibe, alienta y consiente los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, la soberbia y demás pecados descritos por el Señor, la concupiscencia da a luz el pecado y ese pecado siendo consumado, da a luz la muerte.
El fruto del pecado siempre será la muerte. Es verdad que cuando los creyentes pecan, ese fruto, ese nacimiento es de un producto muerto, porque ya el Señor Jesucristo mató la muerte en la cruz, pero no deja de ser un parto doloroso de un ser horrible y nauseabundo.
Entonces, si las tentaciones vienen normal y mayormente de nosotros mismos, nosotros mismos somos los que debemos ocuparnos de que las mismas no se conviertan en pecado. ¿Cómo? Pues, podemos por lo menos, hacer lo siguiente:
1. Depender totalmente del Espíritu de Dios, en temor y temblor para poder vencer las tentaciones, ya que en nuestras fuerzas es imposible.
2. Evitar exponernos a situaciones que nos faciliten ser tentados, especialmente en las áreas más débiles nuestras, por ejemplo, si somos en nuestra pasada vida éramos aficionados beber más de la cuenta y nos embriagábamos, aunque no llegamos a niveles de alcoholismo, debemos evitar las bebidas y los lugares donde se festeje con ellas.
3. No vivir “en la frontera” del pecado. A veces pensamos que somos fuertes y que podemos vencer las tentaciones, especialmente en áreas que donde nunca hemos caído y nos acercamos demasiado sin considerar que cualquier descuido nos puede llevar al otro lado. Es el caso de un creyente que mantiene una relación de amistad muy cercana, que pudiese convertirse en comprometedora, con alguien no creyente que es del sexo opuesto, pensando que puede controlar la situación sin exponerse a caer en pecado.
4. No jactarnos ni menospreciar al hermano porque ha caído en algún pecado y nosotros no lo hemos hecho aún. Recuerda lo que dice Proverbios 16:18 “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu”.
Después de lo que hemos visto, volvemos al título de estas palabras. La fuente de las tentaciones somos nosotros mismos. De nosotros es que parten las cosas que nos llevan a pecar. No podemos descartar que el Tentador de las almas tiente a algunos, especialmente a los que han tenido más dominio sobre sus propios pecados, pero generalmente, nosotros necesitamos poco o ningún incentivo externo para caer. Sólo la gracia del Salvador hace que no estemos constantemente revolcándonos entre los frutos hediondos de la consumación de nuestros pecados.
Recuerdo haber leído hace mucho de un autor cuyo nombre no recuerdo, pero sí recuerdo sus enseñanzas y aunque no son las palabras exactas, e iban en este sentido: Los malos pensamientos y las tentaciones son como pájaros que se posan en nuestra cabeza y eso no podemos evitarlo; pero sí podemos evitar que hagan un nido, rechazando la tendencia de nuestro perverso corazón y llevando pensamientos piadosos a nuestra mente.

Así es que, hermanos, tendremos malos pensamientos y tentaciones, unos más que otros y cada cual en las diferentes áreas de sus debilidades humanas, pero con la gracia de Dios en dependencia del Espíritu Santo, tomemos la firme determinación de evitar que esos pájaros hagan nido en nuestra cabeza, aunque tengamos que pasarnos el resto de nuestra vida terrenal espantándolos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: